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Filosofía, Filosofía Política

El Imperio y el nuevo orden mundial

El libro Imperio de Michael Hardt y Antonio Negri tiene, como todo buen libro, la excelente virtud de hacernos más conscientes de nosotros mismos a tal punto que nos saca de nuestra cómoda y acrítica existencia y nos invita a hacernos cargo de una vez por todas de nuestra humana libertad. Vivimos tiempos muy interesantes en los que los cambios se suceden de manera vertiginosa en todos los ámbitos del saber y el quehacer humano. En este y posteriores ensayos me propuse la modesta tarea de resumir las tesis principales del libro de Hardt y Negri, intercalando aquí y allá algunas reflexiones personales.
La hipótesis básica del libro consiste en afirmar que la soberanía hoy en día ha adquirido una nueva forma, misma que contrasta con aquella de los Estados-nación independientes de la modernidad (la soberanía se define precisamente como “el poder político supremo que corresponde a un Estado independiente”) que dominaban en lo que los autores denominan “imperialismo”. Habría, pues, un paso desde el imperialismo hacia el imperio, un paso de la modernidad a la posmodernidad, paso cuyo síntoma primario sería la declinante soberanía de los Estados-nación y su incapacidad, cada vez más pronunciada, para regular los intercambios culturales y económicos del mundo. La soberanía entonces ya no emanaría del poder de los Estados-nación, sino de una serie de organismos nacionales y supranacionales que, pese a todo, siguen una única lógica de dominio. Así pues, en contraste con el imperialismo, “el imperio no establece ningún centro de poder y no se sustenta en fronteras o barreras fijas. Es un aparato descentrado y desterritorializador de dominio que progresivamente incorpora la totalidad del terreno global dentro de sus fronteras abiertas y en permanente expansión” (Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio, pág. 14). Esto implica que, en contra de lo que muchos suponen, los Estados Unidos no son la autoridad última que controla todos los procesos de la globalización y el nuevo orden mundial. Aunque los Estados Unidos de hecho ocupan una posición privilegiada en el imperio, en realidad no constituyen el centro de un proyecto imperialista. Ninguna nación podría serlo pues el imperialismo ha terminado, afirman los autores. Esto explica que las divisiones espaciales que solían hacerse entre los tres mundos (el Primer Mundo, el Segundo y el Tercero) se estén mezclando en “un revoltijo tal que continuamente hallamos el Primer Mundo en el Tercero, el Tercero en el Primero y ya casi no encontramos el Segundo en ninguna parte” (Ibid., pág. 15). Y si el concepto de imperio se caracteriza principalmente por la falta de fronteras, entonces el dominio del imperio no tiene límites. Abarca la totalidad espacial, o, para ser más precisos, gobierna todo el mundo «civilizado».
Hardt y Negri se remontan a la historia del nacimiento de las Naciones Unidas para explicar el surgimiento gradual de esta nueva noción de soberanía que rige ahora en el imperio en el que transcurren nuestras vidas. Destacan por ejemplo el papel del intelectual Hans Kelsen, una de las principales figuras detrás de la formación de la ONU. Kelsen estaba a favor de un sistema jurídico internacional que fuera la fuente suprema de todas las formaciones jurídicas nacionales. En efecto, si la meta a alcanzar es el orden mundial, Helsen creía que la parcialidad de las leyes internas de cada Estado-nación independiente no podían ser sino un obstáculo a la realización de la idea de derecho internacional. A la manera kantiana, Kelsen apuntaba a “una noción de derecho que pudiera llegar a ser una «organización de la humanidad y que, por lo tanto, coincidiría con la idea ética suprema»” (Ibid., pág. 25). Un «Estado mundial y universal» es, pues, lo que deseaba Kelsen, Estado que estaría organizado como «una comunidad universal superior a los Estados particulares que los abarcara a todos en su seno». Hardt y Negri afirman que, pese a las aporías e insuficiencias de la ONU por todos conocidas, el concepto jurídico de imperio comenzó aquí a cobrar forma. Para los autores, lo que solía ser un conflicto y una competencia entre varios Estados-nación soberanos e independientes, ha sido remplazado por la idea de un único poder que “ultradetermina a todas las potencias, las estructura de una manera unitaria y las trata según una noción común del derecho […]” (Ibid., pág. 29). Es importante señalar que el capitalismo global tiene una parte muy importante en esta nueva lógica de dominio. De alguna manera el poder económico y el poder político están estrechamente unidos en el proyecto capitalista, de manera que el orden mundial que producen es un orden estrictamente capitalista. A este respecto, si todo sistema jurídico es de algún modo una cristalización de un conjunto específico de valores, los valores que el sistema jurídico del imperio cristaliza son los valores burgueses que promueve el capitalismo. Para Hardt y Negri este nuevo concepto jurídico incluye dos tendencias fundamentales: “la primera es la noción de un derecho que se afirma en la constitución de un nuevo orden que abarca todo el espacio considerado por él como la civilización, un espacio universal, ilimitado” (la civilización debe ser, en este sentido, capitalista y democrática, o no es). La segunda “es una noción de derecho que abarca todo el tiempo dentro de su base ética. El imperio agota todo el tiempo histórico, suspende la historia y convoca al pasado y al futuro dentro de su propio orden ético. Para decirlo de otro modo: el imperio presenta su orden como permanente, eterno y necesario” (Ibid., pág. 31). Aquí los autores se refieren por supuesto a la tesis de Fukuyama en el sentido de que el neoliberalismo democrático sería la última fase de la Historia y la más conveniente para el ser humano. El imperio se autolegitima, no ve alguna otra alternativa político-económica que pudiera superarlo. Pero los autores de este interesantísimo libro señalan que el imperio no es ni de cerca el mejor modo en el que los humanos podemos coexistir y expresarnos en libertad. Para los autores de Imperio el orden mundial actual tiene aún mucho de opresivo y de alienante. Y sin embargo, afirman, el paso al imperio y sus procesos de globalización ofrecen hoy nuevas posibilidades a las fuerzas de liberación. Hacer conciencia de la forma en la que la lógica de dominio del imperio nos oprime y nos aliena es la primera tarea que debemos proponernos, de modo que podamos después dar un segundo paso, aquel que reorganice y redirija las fuerzas de liberación hacia nuevos fines. En posteriores entradas seguiremos describiendo la faz y el funcionamiento de este imperio que domina en el nuevo milenio para dirigirnos luego a las posibilidades de liberación que dicho orden deja abiertas.

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Comentarios

3 comentarios en “El Imperio y el nuevo orden mundial

  1. Primero, hay un error de dedo, falta un “que” en: ” Hacer conciencia de la forma en la que la lógica de dominio del imperio nos oprime y nos aliena es la primera tarea debemos proponernos”.
    Después….si vamos de efecto a causa (como mi compa Santo Tomás de Aquino…), ¿si hay un nuevo orden mundial (efecto), quién lo ocasiona (causa)? alguien debe ser ¿no?, me parece que este tipo de cosas no surgen nomás así porque sí de la nada, implica meticuloso orden, estrategia y seguimiento…alguien tiene que estar detrás de esto ¿no?, muchos o pocos….
    Luego, si coincides con esto, el comentario es: ¿pues no tanto estabas chingando en nuestras últimas tertulias que no hay un orden mundial, que no hay alguien que va dirigiendo hacia dónde va todo esto que estamos viendo…? ¡¡cheales…!!!
    Por lo demás, muy buena la entrada del blog, muy interesante…avísame cuando vayan saliendo las siguientes partes…
    Saludos,
    VLS

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    Publicado por Anónimo | 2 abril, 2016, 1:50 pm

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