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Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Filosofía Política, Psicología

¿Qué es la epimeleia heautou?

Hice en la entrada anterior la pregunta “¿Cuánto vale tu subjetividad?” queriendo llamar la atención no tanto sobre la cuestión de si es factible o hasta deseable valorar de una manera objetiva las distintas maneras que habría de producir subjetividad, sino más bien en el sentido de quien pregunta “¿En cuánto valoras tu propia subjetividad? ¿Qué empeño pones en ella?”. O por lo menos a eso quería llegar. Ciertamente ambas preguntas van de la mano: se diría tal vez que vale más aquella subjetividad a la que se le ha dedicado más esfuerzo, aquella que se ha preocupado más por sí misma, aquella que ha procurado cuidarse y construirse con un ánimo más enérgico y entusiasta. Y recíprocamente, el tipo de subjetividad que valdría más (por todo el esfuerzo que a ella se le ha dedicado) nace forzosamente de una actitud que valora precisamente y por sobre todas las cosas a la subjetividad que se intenta desarrollar. En pocas palabras, darle valor a la propia subjetividad conduciría, mediante prácticas y esfuerzos continuados, a una valiosa subjetividad.

En la Grecia antigua ya existía una noción para estas ideas: Epimeleia heautou, que en griego significa la inquietud de sí mismo, el hecho de ocuparse de sí mismo, preocuparse por sí mismo, etc. Es Michel Foucault quien en sus últimos cursos en el College de France se ocupa de esta noción de “inquietud de sí” y es de este tema del que quisiera hablarles en esta entrada. (El curso que aquí comento está transcrito en La hermenéutica del sujeto, un libro sumamente recomendable editado por el Fondo de Cultura Económica).

Lo primero que no debemos hacer es pervertir el sentido original del epimeleia heautou griego traduciéndolo a nuestros términos modernos. La epimeleia heautou, la inquietud de sí, el cuidado de sí, el ocuparse de sí mismo nada tiene que ver con encontrar un buen empleo, ascender dentro de la empresa o invertir inteligentemente en fondos de inversión que garanticen un rendimiento por encima de la inflación. No. Tampoco tiene nada que ver con ningún esfuerzo encaminado a hacerse de una buena reputación, ganar fama o alcanzar los honores de algún cargo de elección popular. De hecho es casi lo contrario y para muestra bastará un botón. Sócrates, en ese famoso diálogo platónico titulado Apología de Sócrates, se defiende ante sus acusadores y afirma que lo único que él hacía era caminar por las calles de Atenas con el propósito de amonestar a los jóvenes diciéndoles “¡cuida de ti mismo!”. “[…] Sócrates -afirma Foucault- es siempre, esencial y fundamentalmente, quien interpelaba a los jóvenes en la calle y les decía: «Es preciso que se ocupen de sí mismos»”. Oigamos al Sócrates en la Apología:

¡Cómo! Querido amigo, tú eres ateniense, ciudadano de una ciudad que es más grande, más renombrada que ninguna otra por su ciencia y su poderío, y no te ruborizas al poner cuidado [epimeleisthai] en tu fortuna a fin de incrementarla lo más posible, así como en tu reputación y tus honores; pero en lo que se refiere a tu razón, a la verdad y a tu alma, que habría que mejorar sin descanso, no te inquietas por ellas y ni siquiera las tienes en consideración [epileme, phrontizeis]. (citado por Foucault, pág. 21)

Me gustaría hacer hincapié en que esta cita, esta arenga de Sócrates al ateniense, es absolutamente pertinente en una sociedad post-industrial, democrática y capitalista como la nuestra. La podríamos traducir o “tropicalizar” en estos términos:

“¡Cómo! Querido amigo, tú eres occidental, ciudadano del mundo, rico en conocimientos y ávido consumidor de productos y servicios del más variado tipo. No te avergüenzas de cuidar tu dinero, de hacerlo trabajar y de incrementarlo lo más posible; pones mucho empeño en tu reputación y quisieras con toda el alma llegar a ser famoso y respetado. ¡Pero en lo que se refiere a tu razón, a la verdad y a tu alma, que habría que mejorar sin descanso, no te inquietas por ellas y ni siquiera las tienes en consideración!”

Así pues, mi estimado lector, el cuidado de sí no significa hacer músculos en el gimnasio, alimentarse de comida orgánica e invertir en bolsa. No, la epimeleia heautou se refería a un conjunto de prácticas y ejercicios muy estrictos que estaban encaminados no a algo externo sino “a uno mismo”. Algunos ejemplos:

  • Técnicas de meditación
  • Técnicas de memorización del pasado
  • Técnicas de examen de conciencia
  • Técnica de verificación de las representaciones a medida que se presentan en la mente
  • Técnicas de escritura
  • Etc.

En posteriores entradas hablaré un poco más a detalle sobre estas prácticas antiguas encaminadas a fortalecer el alma e incluso a prepararla para recibir algunas verdades que de otro modo no se podrían adquirir. Lo que quiero recalcar ahora es que para Foucault, teniendo la epimeleia heautou todo un corpus que define una manera de ser, una actitud, formas de reflexión, etc., el fenómeno es no sólo extremadamente importante en la historia de las ideas o las teorías, sino en la historia misma de la subjetividad, o, para ser más exactos, en la historia de las prácticas de subjetividad. Esto es de lo que hay que estar bien conscientes: nuestra subjetividad no es algo dado de una vez y para siempre. Los procesos de producción de subjetividad actuales son sólo unos de entre tantos posibles. La subjetividad contemporánea se produce, de un tiempo para acá, de acuerdo a ciertas determinantes que no tienen nada de necesarias. Podemos crear nuestra propia subjetividad sustrayéndonos a aquellas determinantes que hoy en día nos construyen de una manera que tal vez no nos conviene. Ya lo veíamos en la entrada pasada con Félix Guattari: “la producción maquínica de subjetividad puede laborar tanto para lo mejor como para lo peor […] Lo mejor es la creación, la invención de nuevos Universos de referencia; lo peor, la masmediatización embrutecedora a la que millones de individuos están hoy condenados”. Por ello la pregunta de esta entrada es la siguiente: ¿Cuánta epimeleia heautou hay en tu vida, qué tanto te preocupas por ti (no por tu dinero, tu fama, tu aspecto, etc.)? ¿Qué tanto te produces a ti mismo y qué tanto dejas que las determinantes sociales, mediáticas y económicas te produzcan? En una palabra, estimado lector, ¿en cuánto valoras tu subjetividad?

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Comentarios

22 comentarios en “¿Qué es la epimeleia heautou?

  1. Muy buen articulo amigo. Gracias por compartirlo. Un saludo cordial.

    Le gusta a 1 persona

    Publicado por Anónimo | 15 mayo, 2016, 6:21 am
  2. Hola Carlos, me gustaría responder a tu pregunta. Muy a mi pesar, no sé si tengo una respuesta certera. Valoro muchísimo mi subjetividad, es mi prioridad. Convivo día a día con mis pensamientos (hasta con los más absurdos). Quería preguntarte algo sobre la comunicación: Cómo funciona para ti la imposibilidad del total entendimiento entre dos personas? Cómo un mensaje sufre por el camino antes de llegar a su receptor, y en el caso de que llegue, en qué condiciones?

    Le gusta a 1 persona

    Publicado por solomiantonyakyermolaieva | 16 mayo, 2016, 4:16 am
  3. Están más especificadas las prácticas antiguas encaminadas a fortalecer el alma? gracias, saludos!

    Me gusta

    Publicado por Carmen Simonetti | 28 julio, 2016, 11:21 pm
    • Foucault más bien diría que las prácticas antiguas para fortalecer el alma no solamente están más especificadas sino que posteriormente casi desaparecen del todo o por lo menos se convierten en otra cosa muy diferente bajo la égida del cristianismo. Saludos!

      Me gusta

      Publicado por Carlos Béjar | 1 agosto, 2016, 11:29 am

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