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Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Psicología

Cristianismo vs. epimeleia heautou… y nuestra sociedad superficial

En la entrada pasada hablábamos sobre la epimeleia heautou y la traducíamos con Michel Foucault del griego antiguo como “inquietud de sí” o “cuidado de sí”. Epimeleia heautou es, pues, la actitud y la actividad de quien se preocupa por sí mismo, de quien se ocupa de sí mismo o de quien cuida, en último término, de su propia subjetividad. Ocuparse de sí mismo en el sentido de la epimeleia heautou griega nada tenía que ver, decíamos, con hacer músculos en el gimnasio, aprender finanzas o consentirse con unas vacaciones en Tailandia. La actitud del “cuidado de sí” no está volcada hacia el exterior (dinero, fama, honor), sino hacia “uno mismo”, y más específicamente, hacía el alma, la inteligencia, el espíritu o cualquiera de estas nociones que exprese el principio racional superior que posee el ser humano.

Así pues, cierta actitud, pero también cierto conjunto de prácticas y ejercicios bien concretos y muy rigurosos que iban encaminados precisamente a cuidar, desarrollar y fortalecer este principio racional en el hombre. El corpus de ejercicios que los filósofos antiguos practicaban y que iban dirigidos al cuidado de sí es extenso y Foucault, en sus cursos en el College de France, se detiene a describir algunos de ellos con abundantes ejemplos tomados de la literatura filosófica que llegó hasta nosotros. Se mencionan entre otros: la meditación sostenida sobre algún problema filosófico importante; la memorización de sentencias de sabios; la práctica de la escritura; la técnica del examen de conciencia; la rememoración y evaluación, al final del día, de los actos realizados en la jornada…

En fin, cada escuela filosófica buscaba, mediante distintas técnicas, la modificación  del sí mismo con el objetivo no sólo de hacerse mejor, sino incluso de volverse capaz de recibir ciertas verdades que sólo estarían al alcance de quien practica de acuerdo a la epimeleia heautou. El cuidado de sí tenía pues cierto carácter iniciático, sí, pero lo fundamental es su carácter de técnica pues los ejercicios efectuaban una verdadera transformación del sí mismo. Por ello Foucault (tanto como Guattari o Deleuze) habla de producción de subjetividad: la subjetividad sería entonces una construcción en proceso continuo que depende en gran medida de las prácticas de subjetivación que se elijan para tal construcción. Es por ello que la producción de subjetividad puede jugar tanto a favor como en contra nuestra. Veíamos que para Guattari lo peor es la massmediatización embrutecedora a la que millones de personas están hoy condenadas. La massmediatización, esto es, la práctica pasiva de dejarse producir por determinantes sociales o económicas difundidas y generalizadas por los mass media, es lo que a ojos de muchos pensadores representa la peste cultural de nuestros días. Lo mejor sería por supuesto la creación de alternativas de subjetivación y es ahí donde Foucault se interesa por rescatar del olvido estas prácticas antiguas en un intento, tal vez, de dirigir la mirada teórica del pensamiento ético del futuro.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el cristianismo? – se me preguntará. Me extendí tal vez demasiado en el recuento de lo visto en anteriores entradas y yo quería llegar a tocar esta relación paradójica entre cristianismo y epimeleia heautou. Al respecto Foucault afirma que este precepto de inquietud de sí significa para nosotros no tanto un principio positivo, como lo fue para la antigüedad, sino más bien cierto egoísmo que choca con el cristianismo y su ética general del no-egoísmo. Para el cristianismo, en efecto, se trata de la obligación de renunciar a sí mismo, cuya forma moderna se traduce en una obligación para con los otros, ya se trate del prójimo, la colectividad, la clase, la patria, la empresa, etc. Pero para Foucault el cristianismo, con toda su moral austera del renunciamiento de sí y de la obligación para con los otros, fue en realidad una reaclimatación del principio más antiguo y general de la inquietud de sí antiguo. El cristianismo –que también tiene su cuerpo de prácticas espirituales- en realidad habría derivado del antiguo epimeleia heautou griego pero se habría tornado en otra cosa menos… “egoísta” (p.ej: salvación del alma mediante la caridad hacia el prójimo, el perdón, la compasión, etc.). Esta paradoja explica para Foucault en parte el hecho de que el tema de la inquietud de sí haya sido descuidado y hasta olvidado por parte de los historiadores y filósofos.

Ahora bien, esto del choque de la epimeleia heautou con la ética cristiana del renunciamiento pudo muy bien haber ocurrido en el pasado, esto es, en épocas más religiosas. La nuestra, en cambio, es una época profundamente antirreligiosa y sumamente individualista y egoísta. Por ello más bien pienso que la interpretación más a la mano que el humano moderno podría darle al concepto de epimeleia heautou es precisamente la que hemos descartado en un inicio: el de ser una preocupación y un cuidado de la parte exterior de nosotros, es decir, de nuestro dinero, nuestra reputación, nuestra apariencia, etc., no de nuestra razón. Sí, nos hemos vuelto más superficiales. Nuestra tarea sería entonces reconducir la mirada de manera que podamos recuperar la actitud original del cuidado de sí y comenzar entonces a ejercitarnos en la producción de nuestra subjetividad de una manera creativa y original que nos proteja del embrutecimiento general producido por nuestras acéfalas sociedades massmediatizadas. ¿Estamos preparados para esa tarea?

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