Anuncios
//
estás leyendo...
Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Filosofía Política, Psicología

La sentencia de Alexandrides

Hay una sentencia que Foucault cita en La hermenéutica del sujeto con la que quiere mostrar que el principio “hay que ocuparse de sí mismo” era un viejo principio de la cultura griega. La sentencia es lacedemonia y aparece en Plutarco, es decir, en un texto por lo demás tardío, pero Foucault afirma que refiere a una sentencia notoriamente ancestral y plurisecular. Cuenta Plutarco que un día preguntaron a un lacedemonio de nombre Alexandrides por qué, poseyendo los espartanos un territorio inmenso con muchas tierras cultivables, dejaban que los ilotas (esclavos) se ocuparan de él y no ellos, los verdaderos terratenientes. A esta pregunta Alexandrides contestó: “simplemente para poder ocuparnos de nosotros mismos”. Se trata, pues, de una forma de existencia ligada a un privilegio. Si los espartanos no querían ocuparse de sus propias tierras sino que delegaban ese trabajo a los esclavos, es porque para ellos era preferible ocuparse de sí mismos. Como veíamos en una entrada anterior, la epiméleia heautoȗ no es para las mayorías sino que es el privilegio de unos pocos.

            Ocuparse de sí es un privilegio, es el distintivo de una superioridad social, por oposición a aquellos que han de ocuparse de los otros para servirles o que incluso han de ocuparse de un oficio para poder vivir. La superioridad que dan la riqueza, el estatus y el nacimiento se traducen en el hecho de tener la posibilidad de ocuparse de uno mismo.

A este respecto cabe señalar que la concepción romana del otium (ocio) tiene una clara relación con este tema: el ocio es, por excelencia, el tiempo que se pasa en ocuparse de sí mismo. Pero no nos confundamos, el ocio romano no era lo que hoy para nosotros es el ocio. No se trataba de un tiempo dedicado al descanso, al entretenimiento, o a las relaciones sociales. El ocio en la antigüedad se utilizaba, por quien tenía el estatus y los recursos para permitírselo, en ocuparse de sí mismo, esto es, en ocuparse en actividades de lectura, meditación, escritura o simplemente embarcarse en una provechosa charla con el maestro. Deberíamos preguntarnos si hoy en día en nuestras sociedades hay algo así como una cultura del cuidado de sí tal como la había en la antigüedad. Para Foucault, quien en obras anteriores había explorado el tema del poder en nuestras sociedades, claramente no hay tal cultura. Para él estamos hoy todos inmersos en lo que él llamó «sociedades de control». En este tipo de sociedad los mecanismos de control se vuelven más «democráticos», es decir, se vuelven más aceptados y voluntariamente asumidos por los sujetos. Es lo que Foucault entiende por biopoder: una forma de poder que “regula la vida social desde su interior, siguiéndola, interpretándola, absorbiéndola y reticulándola”. El biopoder tiene la tarea primaria de administrar la vida y constituye por ello una función vital e integral que cada individuo apoya y reactiva necesariamente. Hoy el hombre es un ser fundamentalmente absorbido por una vida proletaria que, paradójicamente, él acepta gustoso. El libro Imperio, de Antonio Negri y Michael Hardt, que tiene sus fundamentos en la filosofía foucaultiana, ahonda de manera muy interesante en este tema del biopoder en nuestras sociedades capitalistas. El él los autores explican cómo el poder se ejerce en nuestras sociedades contemporáneas a través de maquinarias que organizan directamente los cerebros y los cuerpos. Los medios de información masificados juegan aquí un papel ciertamente principal. Aquí estamos hablando de producción de subjetividad. El quid de la cuestión en Foucault es que los antiguos se dedicaban al cuidado de sí precisamente para “deshacerse de todas las malas costumbres, de todas las falsas opiniones que se pueden recibir del vulgo, o de los malos maestros, pero también de los padres y del entorno”. La epiméleia heautoȗ tenía pues la meta de hacer del individuo que se ocupa de sí mismo algo distinto de la masa de personas absorbidas por la vida de todos los días. Hoy estas prácticas de subjetivación, estas tecnologías del yo (como las llama a veces Foucault) simple y sencillamente no existen. Hoy a la subjetividad la produce todo menos ella misma. Y esto es lo que Foucault quería hacernos ver a toda costa. Hoy no hay una cultura del cuidado de sí. Nos hemos vuelto autómatas fabricados por una cultura del dinero que ya existía antes de que llegáramos al mundo. Hoy no sabemos como tomar posesión de nosotros mismos. Ya no sabemos cómo crearnos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Anuncios
Follow Filosofía en el Callejón on WordPress.com

Introduce tu dirección de correo electrónico para seguir este Blog y recibir las notificaciones de las nuevas publicaciones en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 2.341 seguidores

Anuncios
A %d blogueros les gusta esto: