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Ética y moral, Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Filosofía Política

La epiméleia heautoȗ como resistencia al poder

Hemos estado hablando en entradas anteriores sobre la inquietud de sí (epiméleia heautoȗ) y la definíamos con Foucault como la actitud y práctica antigua de ocuparse de sí mismo. El aforismo lacedemonio que retrataba la actitud de quien se ocupa de sí mismo nos lo presentaba Plutarco: cuando le preguntaron un día a Alexandridas porque los espartanos confiaban el cultivo de sus tierras a los esclavos, éste respondió: «Porque preferimos ocuparnos de nosotros mismos». Se ve pues cómo la práctica de la inquietud de sí indicaba cierta distinción social, cierto privilegio de rango, y aunque en siglos posteriores la epiméleia heautoȗ se fue convirtiendo en una obligación “para todos”, en realidad la mayoría de las personas, carente de recursos, de tiempo de ocio o de posición social, nunca pudo ejercitarse con rigor y seriedad en las prácticas que la cultura de la inquietud de sí exigía. Así pues, la epiméleia heautoȗ no fue nunca para las grandes mayorías de individuos ajetreados con las ocupaciones ordinarias de la vida, sino que siempre fue una práctica de élites. Ahora bien, Foucault considera que la inquietud de sí se atenuó de manera considerable en nuestra cultura moderna incluso para las élites que detentan el poder político y económico o el saber filosófico. La causa –piensa Foucault- podría encontrarse en parte en la moral cristiana de la renuncia a sí o incluso en la condena kantiana del egoísmo, temas que fueron volviéndose incompatibles con los principios de la inquietud de sí. Pero esta inquietud de sí era un principio estructurador del sujeto ético. Si en la modernidad se diluye esta cultura de sí con todas las “tecnologías del yo” implicadas en ella, ¿qué toma entonces su lugar?

Los comentaristas de Foucault coinciden en ver en esta última etapa de su pensamiento un intento por pensar las posibilidades de resistencia al poder, siendo el poder el tema de sus  obras anteriores. Según Foucault –por decirlo de un modo muy general- cuando se estudia la genealogía de la subjetividad, uno se encuentra con que el sujeto es una función derivada de una estructura, de un sistema a partir del cual este sujeto se constituye.

“En todas las épocas –afirma en Dits et écrits-, la manera en que la gente reflexiona, escribe, juzga, habla (hasta en la calle, las conversaciones y los escritos más cotidianos), e incluso la manera en que vive las cosas, en que su sensibilidad reacciona, toda su conducta en general, está regida por una estructura teórica, por un sistema”.

En pocas palabras, nuestra subjetividad es una construcción y las más de las veces el proceso no depende de nosotros en lo absoluto (aunque tengamos la falsa sensación de que así sea). Para Guattari –ya lo veíamos en otra entrada– la mayoría de la gente está imbuida en una producción de subjetividad dirigida principalmente por los mass media que la embrutece. En realidad esto es para Foucault mucho más complejo e incluso nuestro cuerpo está imbuido en relaciones de poder que nos constituyen de cabo a rabo y que provienen de múltiples frentes.

“Las relaciones de poder lo convierten [al cuerpo] en una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a trabajos, lo obligan a ceremonias, exigen de él signos. Este cerco político del cuerpo va unido, en función de relaciones complejas y recíprocas, a la utilización económica del cuerpo; el cuerpo, en una buena parte, está imbuido de relaciones de poder y de dominación, como fuerza de producción, pero, en cambio, su constitución como fuerza de trabajo sólo es posible si se halla inmerso en un sistema de sujeción (en el que la necesidad es también un instrumento político cuidadosamente dispuesto, calculado y utilizado). El cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido”.

Analicemos esta cita de Foucault. En primer lugar, relaciones de poder son todas aquellas estrategias que solicitan al cuerpo para cualquier cosa pensable. Piénsese en las relaciones de poder dentro de una iglesia católica: hay que pararse en ciertos momentos, luego sentarse, después hay que hincarse, persignarse, decir ciertas frases, poner las manos de tal forma, realizar ciertos cánticos, etc. En el colegio hay que ponerse en fila, pararse para mostrarle los respetos al maestro que entra, pedir permiso para cualquier cosa, levantar la mano para preguntar, cada escuela tiene sus propias disciplinas. A la oficina se llega temprano, se está uno en su sitio, se es productivo, obedece uno ciertas normas, cierta jerarquía… Esto es a lo que se refiere Foucault cuando dice que “el cuerpo sólo se convierte en fuerza útil cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido”. Más adelante continuaremos hablando de las sociedades de control contemporáneas, por ahora baste con tener bien presente que para Foucault el poder al que hoy la mayoría de los seres humanos estamos sometidos no supone ninguna violencia. Es incluso aceptado gustosamente por nosotros porque está interiorizado. Se trata de un poder calculado, organizado, reflexivo y muy sutil. Se trata aquí del poder de nuestras sociedades capitalistas en donde la gran mayoría ha asumido los valores del capital como aquello que estructura su subjetividad día con día. Bueno, pues el estudio de la epiméleia heautoȗ antigua querría rescatar para nuestras sociedades ese reducto de libertad que hoy hemos perdido. Diríase que la inquietud de sí quiere poner la producción de subjetividad en manos del agente. Por ello la epiméleia heautoȗ es fundamentalmente resistencia al poder. Pero seguiremos con nuestro tema en futuras entradas. Espero sus valiosos comentarios.

También te pueden interesar:

Foucault: poder y resistencia al poder (Parte I)

Foucault: poder y resistencia al poder (Parte II)

 

 

 

 

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