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Ética y moral, Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Filosofía Política

La formación del individuo útil en las sociedades disciplinarias

Para Foucault la disciplina es ante todo una técnica política de los cuerpos. Veíamos en una entrada anterior seis aspectos en los que las sociedades disciplinarias en las que vivimos nos someten para hacer de nosotros individuos útiles y sumisos. Ya se trate de fábricas, colegios u oficinas, veíamos cómo la disciplina intervenía primero en la distribución de los individuos en el espacio y controlaba después la actividad de los mismos detalle a detalle.

Otro aspecto de la disciplina estudiado por Foucault es aquel que da cuenta de la génesis del individuo, es decir, de su inclusión paulatina, desde la más tierna infancia, en una sociedad que busca ante todo producir y organizar «vidas provechosas». Para ello se divide el ciclo vital en segmentos sucesivos, siendo el primero el de la formación en la que se disponen diferentes estadios separados mediante pruebas graduales. Foucault pone como ejemplo la escuela de los Gobelinos del siglo XVII. Como casi cualquier escuela o universidad contemporánea, la escuela de los Gobelinos contemplaba varios años de aprendizaje, seguidos por otros más de servicio y finalmente una prueba de suficiencia. Lo que para nosotros tal vez puede parecer natural, para Foucault la escuela de los Gobelinos no es más que un ejemplo de algo nuevo que empezó a desarrollarse en aquella época y que consistía en “una nueva técnica para ocuparse del tiempo de las existencias singulares; para regir las relaciones del tiempo, de los cuerpos y de las fuerzas; para asegurar una acumulación del tiempo de la vida y para invertir el tiempo que pasa acrecentando siempre su provecho o utilidad”. Se trataba pues de capitalizar el tiempo de los individuos, de desarrollar sus capacidades y de disponer sus fuerzas de manera que sean utilizables y controlables. Esto –repito- para nosotros puede parecer trivial: nada más normal que asistir a la escuela desde pequeños, desarrollar nuestras capacidades de manera gradual, realizar pruebas y exámenes y finalmente incorporarnos a la vida laboral. Para Foucault en cambio –y aquí se demuestra que el filósofo tiene una capacidad de asombro extraordinaria- la sociedad disciplinaria es ante todo una articulación del poder sobre nuestros cuerpos que casi diríamos que es invisible por lo sutil de sus mecanismos.

Pues sin duda nuestros cuerpos están sometidos a la disciplina desde la más tierna infancia. El poder se articula directamente con el tiempo y hace aparecer un tiempo lineal que se orienta hacia un punto terminal: el individuo formado y útil. Nuestro tiempo de vida es pues un tiempo serial, orientado y acumulativo, esto es, un tiempo “evolutivo” que mucho tiene que ver con las técnicas administrativas y económicas de control que funcionan bajo el mismo esquema. Y es que en nuestras sociedades la evolución de las mismas se entiende sobre todo como “progreso”. La “génesis” del individuo, su formación y evolución hacia una fuerza laboral controlable y útil, va de la mano con el “progreso” de la sociedad de la cual forma parte. “La historicidad “evolutiva” –afirma Foucault- […] está vinculada a un modo de funcionamiento del poder”. Pero el individuo no funciona aisladamente. La disciplina deberá responder a otra exigencia: la de construir una máquina que articule concertadamente las piezas de que está compuesta. En un taller, una fábrica, una oficina o un ejército, “el cuerpo singular se convierte en un elemento que se puede clocar, mover y articular sobre otros […] El cuerpo se constituye como pieza de una máquina multisegmentaria”.

Aunque Vigilar y castigar es un libro sin un claro propósito ético-político, sin duda deja ver que la principal intención de Foucault es desenmascarar los mecanismos del poder que nos atraviesan de parte a parte. Para él no se trataba de otra cosa que de liberar al hombre de un sometimiento que habita en la profundidad de sí mismo como su propia alma.  Será en obras posteriores donde Foucault desarrollará su propuesta ética, misma que será concebida como una práctica de cuidado de sí o de tecnologías del yo encaminadas a abrir nuevos coeficientes de libertad para el individuo. De ello ya hemos hablado en anteriores publicaciones.

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Acerca de Carlos Béjar

Resido en la hermosa, enorme y conflictiva Ciudad de México. Estudié mi licenciatura y mi maestría en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actualmente realizo mi doctorado en la misma Facultad. Me especializo sobre todo en filosofía francesa contemporánea, aunque me interesan muchos otros temas. Mis filósofos favoritos son Deleuze, Foucault, Spinoza, Nietzsche, Bergson, Lucrecio, Guattari, Simondon y Derrida. Este blog está dedicado a la difusión y discusión sana de temas de filosofía, política y ciencia. ¡Me interesan mucho tus comentarios!

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