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Filosofía, Filosofía francesa contemporánea

Georges Canguilhem y la normatividad vital

 

En la entrada pasada dijimos algo acerca del concepto de “norma” en Foucault, pero en realidad dijimos muy poco. La tesis que se planteaba era la siguiente: la norma es productiva; produce al sujeto desde el cual actúa.  ¿Qué hace que la norma sea productiva? ¿Qués es, para empezar, una norma?

En las páginas de Vigilar y castigar en donde Foucault habla de la norma hay una nota a pie en donde el filósofo nos remite a las páginas esenciales de Le normal et le pathologique de Georges Canguilhem, médico y filósofo francés que fue una de las mayores fuentes de inspiración para Foucault. En verdad sus tesis son fascinantes y de ellas me propongo hablar ahora.

DEFINICIÓN

Para Canguilhem la norma no es otra cosa que el resultado que confiere «un valor a algún Objeto, Acontecimiento o Acto en su relación con algún fin implícito o explícito». En este sentido, la norma es la posición de un juicio de valor en el cual se manifiesta «la insuficiencia de un tener actual» con respecto a una exigencia, razón por la cual la norma supone la «escisión entre la meta y lo dado».

Pongamos algunos ejemplos: si la norma es el resultado que confiere un valor a algún Objeto, Acontecimiento o Acto en su relación con algún fin implícito o explícito, digamos, pues, que valoramos el objeto-manzana en relación a un fin que sería la salud; valoramos el acontecimiento-Revolución en relación a un fin que sería el buen gobierno y el cese de la injusticia social; valoramos el acto-puntualidad-en-el-trabajo en relación a un fin que sería la productividad. Véase bien que el acto, el acontecimiento y el objeto son previos a la norma. La norma no es el objeto, el acontecimiento o el acto que se valoran con relación a un fin, sino que es el juicio de valor, o, más precisamente, el resultado de ese juicio de valor que, valga la redundancia, les da valor. Así pues, normar es valorar, y todas las normas que seguimos nosotros en sociedad (normas laborales, higiénicas, sociales o de cortesía, deportivas, de tránsito, de comercio, etc.) suponen o llevan en su núcleo alguna valoración. Todo se juega entre un “preferir” y un “excluir” (por ello excluimos al “anormal”, al que no respeta la norma).

En suma, la norma es un “haz esto”. ¿Por qué? Porque es la norma, porque vale; porque vale en relación a un fin y vale más que otras alternativas (menos valiosas). Seguir normas es casi todo lo que hacemos diariamente. Seguir normas es lo normal.

Todos estamos normalizados en gran medida por el proceso de socialización que se lleva a cabo en nosotros desde que somos pequeños, pero de lo que yo quisiera hablar aquí es de la normatividad vital y del carácter de creación que ella implica. La posición central que defiende Canguilhem es la siguiente: la vida es por sí misma creación a través de la normatividad vital. Porque todos valoramos (normamos) de modo diferente, la normatividad da cuenta de la relación entre vida e individualidad. Oigamos a Guillaume Le Blanc, comentador de Canguilhem:

“La normatividad es el instrumento mediante el cual el ser viviente, humano o animal, se individualiza. De ahí en adelante, ya no se concibe al ser viviente como un mecanismo; se lo piensa como una potencia. Los organismos desarrollan su potencia a través de comportamientos específicos que no son respuestas automáticas a un estímulo externo sino maneras singulares de relacionarse con el mundo externo. Entonces, cada ser viviente manifiesta una actividad que le es propia, y que tiene dos caras. Por una parte, es una actividad reproductora: procura conservar para el organismo su potencia intrínseca. Por otra parte, es productora, creadora […] Los vocablos ‘obra’ y ‘elección’ precisan la índole de la actividad biológica: con el término normatividad designamos aquello mediante lo cual el ser viviente se vincula con el medio y deviene sujeto de ese medio gracias a la elección de valores que le permiten transformarlo en su obra”

Callejón_filosofía_Canguilhem_normas

Georges Canguilhem

Así pues, la “actitud normativa” le pertenece de suyo a la vida. Con la normatividad la vida instaura normas que valorizan los hechos de cara a resolver los obstáculos y problemas que impiden su mantenimiento y desarrollo. Con ello la vida se individualiza (no todos norman de igual manera) y por ello la norma es productiva (que era nuestra principal tesis). La normatividad es entonces una actividad fundamental de la vida que lucha con aquello que la daña. «La vida –afirma Canguilhem- no es indiferente a las condiciones en las cuales ella es posible, […] la vida es polaridad y, por eso mismo, posición inconsciente de valor […] La vida es de hecho una actividad normativa». Sin duda Canguilhem defiende con este punto de vista una posición nietzscheana que se endereza a instituir la creación de valores como voluntad de afirmación de la vida. Pues la vida misma es para el filósofo alemán creación de valor. «Vivir es apreciar. Toda voluntad implica evaluación, y la voluntad está presente en la vida orgánica», decía Nietzsche. Y Canguilhem:

“Si existen normas biológicas, es porque la vida, que no es mero sometimiento al medio ambiente sino institución de su medio ambiente propio, establece por eso mismo valores, no sólo en el medio sino también en el propio organismo”.

“…en el organismo propio”. No sé a ustedes pero a mí me parece interesantísima esta postura filosófica que ve la vida a través de la lente de los valores. Y no sólo me refiero a la vida humana, sino a toda la vida en la Tierra. Así lo veían los filósofos que aquí estudiamos. Más adelante seguiremos reflexionando sobre las normas, sobre su relación con la vida humana individual y con la vida social, y lo relacionaremos también con el concepto de patología tal y como lo entiende Canguilhem. ¡Quedan muchas preguntas en el aire! Por lo pronto, hagamos comunidad y pensemos en conjunto: ¡Dejen sus valiosos comentarios!

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Acerca de Carlos Béjar

Resido en la hermosa, enorme y conflictiva Ciudad de México. Estudié mi licenciatura y mi maestría en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actualmente realizo mi doctorado en la misma Facultad. Me especializo sobre todo en filosofía francesa contemporánea, aunque me interesan muchos otros temas. Mis filósofos favoritos son Deleuze, Foucault, Spinoza, Nietzsche, Bergson, Lucrecio, Guattari, Simondon y Derrida. Este blog está dedicado a la difusión y discusión sana de temas de filosofía, política y ciencia. ¡Me interesan mucho tus comentarios!

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