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Ética y moral, Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Psicología

¡Desarrolla tu legítima rareza! Georges Canguilhem y la anomalía como signo de salud

«Desarrolla tu legítima rareza» era un lema de René Char que a Michel Foucault le encantaba repetir. Era un imperativo moral para él, una obligación, al tal grado que su escritura, su vida entera, quiso ser en todo momento una expresión de anomalía.  ¿Hasta qué punto eres tú -estimado lector- un ser anómalo?

En una entrada anterior reflexionábamos en las tesis de Georges Canguilhem sobre la «normatividad vital» pues el propio Foucault reconocía en él a su precursor, a su maestro. Veíamos que la norma para Canguilhem  no era otra cosa que el resultado que confiere «un valor a algún Objeto, Acontecimiento o Acto en su relación con algún fin implícito o explícito». Veámoslo:

Cuando estoy hambriento, cuando el fin que busco es satisfacer mi hambre, mi modo de estar en el mundo cambia inmediatamente. Mi juicio se dirige hacia las cosas de un modo específico, buscando otorgarle valor a aquello que saciaría mi apetito y descartando como no valiosas a todas aquellas que no me servirían para tal fin. Mi mirada recorre, pues, el espacio con esa «actitud valorativa» hasta que se topa con algún objeto al que mi inteligencia juzga valioso en relación al fin que persigo. Estoy ahora frente a una manzana. Es este objeto lo que, en este momento, vale. En el hambre no vale la radio (no deseo estar informado), no vale el agua (no estoy sediento), no vale tal vez ni siquiera el amor de mi pareja: -simplemente tengo hambre. Todo se juega entre un “preferir” y un “excluir”. El ser humano, la vida misma, vive continuamente en esa «insuficiencia de un tener actual», en esa brecha entre un «carecer» y un «estoy ya satisfecho». Y por ello la vida es esencialmente «deseo». Pues bien, yo deseo y mi mirada juzga atendiendo siempre a la meta o fin que hay que alcanzar. El juicio que elaboro, repito, es un juicio de valor. El resultado de ese juicio de valor es lo que Canguilhem llama la norma. Normar es valorar, afirma Canguilhem. Y si nos suena extraña la equiparación del normar y del valorar, piénsese solamente en la infinidad de normas que a diario seguimos en sociedad (normas laborales, higiénicas, de cortesía, deportivas, de tránsito, de comercio, etc.) y véase si no cada una de esas normas supone o tiene una pequeña valoración en su centro. El valor es el núcleo de las normas, por ello todo normar es un valorar.

Ahora bien, para Canguilhem la vida en general –y por supuesto la vida humana en particular- es esencialmente normativa. «El hombre normal es el hombre normativo –afirma Canguilem-, [es un] ser capaz de instituir normas nuevas, incluso orgánicas». Puesto que el hombre valora, el hombre es esencialmente normativo. Pero además normando el hombre se crea a sí mismo. Esto es fundamental. Canguilhem usa la palabra “normatividad” para designar la creación de lo viviente por sí mismo, la creación de sí por sí mismo. Y lo interesante de esto es que tal creación procede siempre por anomalías, por desviaciones, por experimentos. En palabras de Guillaume Le Blanc, comentador de Canguilhem:

“Canguilhem recupera aquí la figura nietzscheana del tipo activo: aquello que tiende al poder y deviene creador. La reacción designa, por el contrario, la mengua de actividad […] El organismo acrecienta su poder creando valores propios […] El hombre normativo es el hombre creador de sus propios valores, sean estos vitales o sociales. Desde este punto de vista, el hombre normal […] es el hombre normativo «para quien es normal romper las normas establecidas e instituir otras nuevas» […] Instaurar normas nuevas es forjar desviaciones individualizantes. El hombre normativo se convierte en el hombre del desvío. Estas desviaciones remiten a posibilidades vitales, a fuerzas inexploradas de vida […] El devenir de la vida es un advenir creador”

¿Se entiende ahora por qué a Foucault le encantaba el lema de Char? «¡Desarrolla tu legítima rareza!» es gritar «¡Experimenta, explora, créate a ti mismo y atrévete a ser diferente!»; «¡No valores lo que todos los demás valoran! ¡Crea tus propias valoraciones!»; «¡Invéntate!».

Para Canguilhem, pues, el hombre normal es el hombre normativo, y en este sentido el hombre normal es el hombre del desvío, aquel que puede ser anómalo, que puede romper esquemas o puede desviarse de la norma porque instaura la propia – este es en suma el hombre que es sano y activo. ¿Y qué es para Canguilhem el hombre “anormal”? Pues precisamente lo contrario: es el hombre reactivo; aquel que padece y tiene mermada su capacidad para normar, para inventar. Es por ello que ni toda anomalía es anormal ni toda anomalía es patológica. Según Canguilhem, «Lo anómalo no es lo patológico. ‘Patológico’ implica pathos, sentimiento directo y concreto de dolor y de impotencia, de vida contrariada. Pero lo patológico es indiscutiblemente anormal». Se trata, pues, de ser anómalo, pero no ‘anormal’ (aunque hay que decir que no toda anomalía es forzozamente buena).

Le Blanc comenta:

“Lo patológico es la expresión de una normatividad restringida mientras que la salud es la expresión de una normatividad acrecentada. Lo patológico sólo es anormal para el enfermo que lo experimenta como un déficit de normas. La enfermedad no es tanto la desaparición de la normalidad sino, más bien, la reducción de la normatividad. «El ser viviente  enfermo –afirma Canguilhem- ha perdido la capacidad normativa»”

Callejón-Canguilhem-normal-patológico-filosofía

Georges Canguilhem

Podemos pensar en un primer momento que esta enfermedad de la que habla Canguilhem sería la de un enfermo de hospital (imaginémoslo postrado en una camilla y recibiendo suero vía intravenosa) para el que la capacidad de normar se ha vuelto casi nula. En efecto, un enfermo así no puede arriesgar su elección. A diferencia de una persona sana -que podría en cualquier momento beberse una copa de vino, comerse una enorme rebanada de pastel, echarse a correr por el parque, tomar el sol, recibir el viento frío sobre su torso desnudo, etc.-, a diferencia de ésta, una persona enferma está incapacitada para valorar todos estos alimentos o actividades en ese determinado momento. No es tanto que no valore todo lo que la persona puede hacer, sino que en esa situación particular en la que se encuentra –la enfermedad- lo único que vale realmente para él son los medicamentos, el descanso y la dieta especial que el médico le haya prescrito. Es en este sentido que Canguilhem afirma que el enfermo ha perdido su capacidad normativa. Pero, ¿la mengua en la capacidad normativa es sólo concebible en un enfermo como el de nuestro ejemplo? La respuesta es no. Puesto que para Canguilhem «El ser viviente enfermo ha perdido la capacidad normativa», un individuo que está perfectamente sano (biológicamente hablando), pero que en lo existencial, en lo social, en lo psicológico, no arriesga en lo absoluto, es un individuo enfermo. El individuo que permanece en lo normal porque no instituye nuevas normas es un individuo enfermo. «Lo característico de la salud es la posibilidad de superar la norma que define lo normal en un determinado momento», -afirma Canguilhem. Por lo tanto la incapacidad para superar la norma que define lo normal es la patología misma.

“Se apela así –comenta Le Blanc- a la profundidad de la vida como virtualidad de formas nuevas. Lo inédito de la vida coincide con la salud arriesgada que instituye desviaciones mediante las cuales lo viviente se desembaraza de las normas del ambiente para encarar los cambios del medio […] La salud debe entenderse como el riesgo creador de lo viviente mismo. Tener buena salud implica, entonces, la posibilidad de correr riesgos, de permitir que lo imprevisto emerja […] [La salud] autoriza la experiencia de lo inédito, transforma la vida ordinaria en máquina de novedades”.

Así pues, «¡Desarrolla tu legítima rareza!», estimado lector. Immanuel Kant no decía algo muy diferente con su Sapere aude:  «Ten el valor de usar tu propia razón». Canguilhem, y después Foucault (y por supuesto también Gilles Deleuze y una creciente constelación de filósofos contemporáneos), nos conminan así a reinventarnos, a inventar nuevas maneras de pensar y de vivir. A cuestionar todas esas normas, esas valoraciones, que estaban aquí ya antes de que naciéramos y que, bien miradas, no tienen mucho sentido. Recupera tu salud, recupera tu inventiva, atrévete a ser diferente. «¡Desarrolla tu legítima rareza!»

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Acerca de Carlos Béjar

Resido en la hermosa, enorme y conflictiva Ciudad de México. Estudié mi licenciatura y mi maestría en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actualmente realizo mi doctorado en la misma Facultad. Me especializo sobre todo en filosofía francesa contemporánea, aunque me interesan muchos otros temas. Mis filósofos favoritos son Deleuze, Foucault, Spinoza, Nietzsche, Bergson, Lucrecio, Guattari, Simondon y Derrida. Este blog está dedicado a la difusión y discusión sana de temas de filosofía, política y ciencia. ¡Me interesan mucho tus comentarios!

Comentarios

4 comentarios en “¡Desarrolla tu legítima rareza! Georges Canguilhem y la anomalía como signo de salud

  1. Carlos, tus entradas son excelentes y me son útiles para un trabajo de investigación sobre “espacios de resistencia”. Con todo respeto, sugiero que incorpores a cada artículo las citas de acuerdo a algunas de las normas más conocidas APA etc. (Ya que estamos “Acrecentemos la normatividad” según Le Blanc en este mismo artículo). Muchas gracias por compartir tu excelencia.

    Le gusta a 1 persona

    Publicado por Rafael Franco | 14 mayo, 2016, 3:19 pm
    • Rafael, muchas gracias por tu comentario. Con respecto a tu sugerencia, no pongo las citas de acuerdo a las normas APA porque la plantilla de wordpress no me permite poner notas a pie y también porque no es propiamente un trabajo académico, sino simplemente una entrada de blog. Sin embargo es cierto que debería poner por lo menos el título del libro y las páginas de donde cito para quien quiera ir a la fuente pueda hacerlo. Prometo hacerlo de ahora en adelante. Y gracias nuevamente por tu elogioso comentario, me da gusto que lo aprecies. Saludos!

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      Publicado por Carlos Béjar | 14 mayo, 2016, 6:00 pm

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