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Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Filosofía Política

Michel Foucault, las sociedades disciplinarias… y el mago de Oz

¿Vivimos –como sostuviera Guy Debord en 1967- en la sociedad del espectáculo? ¿Se trata solamente de un aparato integrado de imágenes e ideas que regula la opinión y el discurso públicos? No exactamente –piensa Foucault-; vivimos más bien en la sociedad de la vigilancia, y si en ella dominan las imágenes es solamente porque bajo su superficie la vigilancia llega a los cuerpos en profundidad. En todos los cambios y novedades que nos presentan los medios masivos de comunicación no se persigue otra cosa que el adiestramiento minucioso y concreto de las fuerzas útiles de los seres humanos. Para Foucault –no tanto contradiciendo a Debord sino complementándolo- “los circuitos de la comunicación son los soportes de una acumulación y de una centralización del saber; el juego de los signos define los anclajes del poder”.[1] En otras palabras, las principales cadenas de los medios, todo el lenguaje que utilizan, no sólo representan un “saber” mediático que intentaría describir y objetivar a la sociedad a la cual se dirige; también –de acuerdo con una de las tesis centrales de Foucault- es al mismo tiempo un “poder” que organiza las relaciones entre los cuerpos, los evalúa, los clasifica, los ordena y los utiliza, siempre bajo la égida de una mirada vigilante, jerarquizada y presta a aplicar sanciones al menor desvío. Pero como vimos en entradas anteriores, no se trata de un poder externo que nos someta como si previo a él fuésemos individuos libres y espontáneos. Las normas de las sociedades disciplinarias las llevamos en lo más profundo de nosotros. Son «nuestra alma y nuestra piel». En palabras de Foucault:

“[…] la hermosa totalidad del individuo no está amputada, reprimida, alterada por nuestro orden social, sino que el individuo se halla en él cuidadosamente fabricado, de acuerdo con una táctica de las fuerzas y de los cuerpos […] No estamos ni sobre las gradas ni sobre la escena, sino en la máquina panóptica, dominados por sus efectos de poder que prolongamos nosotros mismos, ya que somos uno de sus engranajes”.[2]

Callejón-filosofía-Foucault

Michel Foucault

Podríamos ir olvidando, pues, la idea del “hombrecillo detrás de la cortina”, una especie de mago de Oz que controla todo lo que se piensa y se hace. Diríamos más bien que la sociedad disciplinaria es nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestro valor y el único camino de regreso a casa que conocemos. El poder central omnímodo, como el mago de Oz, es una ilusión, una idea que alimentan, con cierta razón, las teorías de la conspiración. Pero no deja de ser un cuento.  Michael Hardt y Antonio Negri, autores del excelente libro titulado Imperio que se inspira notablemente en la obra de Foucault, niegan que exista algo así como un lobby de líderes internacionales en donde se decida el futuro del mundo. Y sin embargo… ocurre como si realmente existiera tal punto de control central:

“Deberíamos reconocer que las teorías de la conspiración que sugieren la existencia de tramas gubernamentales y extragubernamentales de control global, y que, por cierto, han proliferado en las últimas décadas, son verdaderas y también falsas […] Es espectáculo de la política funciona como si los medios, las fuerzas armadas, el gobierno, las empresas transnacionales, las instituciones financieras globales, etcétera, estuvieran consciente y directamente dirigidos por un único poder, aunque en realidad no lo estén”.[3]

¿Qué es lo que explica este “como si”? El carácter productivo de la norma (que veíamos en entradas anteriores). En otras palabras, el hecho de que el sujeto sea un producto de la sociedad disciplinaria, de sus normas, de sus “saberes”. Esto es lo que genera la impresión de que un único poder lo dirige todo. Por ello veíamos que ser sujeto era estar literalmente «sujetado» a una red homogénea de símbolos y conocimientos que constituyen al sujeto como tal. El individuo así «sujetado» es producido por los dispositivos normativos disciplinarios dentro de los cuales actúa. Otra vez Foucault:

“El individuo es sin duda el átomo ficticio de una representación “ideológica” de la sociedad; pero es también una realidad fabricada por esa tecnología específica de poder llamada “disciplina”. Hay que dejar de describir siempre los efectos de poder en términos negativos: “excluye”, “reprime”, “rechaza”, “censura”, “abstrae”, “disimula”, “oculta”. De hecho, el poder produce; produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad. El individuo y el conocimiento que de él se puede obtener corresponden a esta producción”

Me gustaría tratar en una entrada posterior la relación entre las sociedades disciplinarias y el capital. Baste por ahora dejar sentada esta tesis central en la obra foucaultiana: -el individuo es una realidad fabricada por esta tecnología específica del poder llamada “disciplina”. Difícil situación para nosotros, pues en esta circunstancia no nos es posible “denunciar” a un supuesto poder externo que nos reprime, nos excluye, nos censura, etc. Pues Foucault se dirige a aquella parte del poder que se ha infiltrado en cada poro de nuestro cuerpo, en cada célula, en cada neurona. En suma, se trata de ese poder del que nosotros mismos estamos fabricados; es nuestra más íntima manera de pensar, nuestro más caro modo de funcionar en sociedad. Y por ello el temor –afirma Foucault- de deshacerse de las disciplinas si no se les encuentra sustituto; de ahí la afirmación de que se encuentran en el fundamento mismo de la sociedad y de su equilibrio… Cuando en realidad pueden ser el origen de su más obstinado desequilibrio.

[1] Michel Foucault, Vigilar y castigar, pág. 250.

[2] Ibid.

[3] Michael Hardt y Antonio Negri, Imperio, pág. 346.

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Acerca de Carlos Béjar

Resido en la hermosa, enorme y conflictiva Ciudad de México. Estudié mi licenciatura y mi maestría en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actualmente realizo mi doctorado en la misma Facultad. Me especializo sobre todo en filosofía francesa contemporánea, aunque me interesan muchos otros temas. Mis filósofos favoritos son Deleuze, Foucault, Spinoza, Nietzsche, Bergson, Lucrecio, Guattari, Simondon y Derrida. Este blog está dedicado a la difusión y discusión sana de temas de filosofía, política y ciencia. ¡Me interesan mucho tus comentarios!

Comentarios

5 comentarios en “Michel Foucault, las sociedades disciplinarias… y el mago de Oz

  1. felicitaciones, es un excelente aporte para construir un pensamiento crítico

    Le gusta a 1 persona

    Publicado por Anónimo | 17 mayo, 2016, 4:57 pm
  2. Saludos por tu aporte. Claro y conciso para aquellos que no estamos familiarizados con las tesis de Foucault. Siga con este esfuerzo.

    Le gusta a 1 persona

    Publicado por Lucien de Rubempré | 19 mayo, 2016, 7:42 am
  3. Bien, únicamente un consejo: haría bien en revisar el concepto de Sociedad del Espectáculo ¿O es que cree fundando que remita “solamente (…) un aparato integrado de imágenes e ideas que regula la opinión y el discurso públicos”? Le invito, mejor, a que lea atentamente el libro.

    Me gusta

    Publicado por Sobreentender | 18 enero, 2017, 1:36 pm

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