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Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Filosofía Política

5 postulados del poder que hay que abandonar (según el filósofo Michel Foucault)

Al filósofo francés Michel Foucault se le reconoce el haber llevado los análisis del poder a un nuevo nivel. A su juicio, el problema del poder se analizaba, desde las posiciones de derecha, desde el punto de vista de la constitución, la soberanía, etc., es decir, en términos jurídicos; y desde las posiciones de izquierda se hablaba de represión, de ideología, esto es, se trataba el tema del poder en términos de aparato de Estado. Pero “la manera como el poder se ejercía concretamente y en detalle, con toda su especificidad, sus técnicas y sus tácticas, no era algo que preocupara; uno se contentaba con denunciarlo en el «otro», en el adversario”.[1] Así, los adversarios del socialismo soviético lo llamaban “totalitarismo”, mientras que el capitalismo occidental era denunciado por los marxistas como “dominación de clase”, pero la mecánica del poder no se analizaba nunca y para Foucault había un sinfín de cosas que habían permanecido hasta entonces fuera del campo del análisis político. Al estudio de estas técnicas concretas lo llama Foucault un estudio “microfísico” del poder. Es un análisis que, más que hablar en términos globales y abstractos sobre poder, se centra en el detalle concreto de las innumerables formas en las que el poder opera.  Vigilar y castigar fue el primero de sus libros en donde Foucault abandona un cierto número de postulados que habían marcado los análisis del poder tradicionales. Para exponerlos, me voy a basar en el excelente librito de Deleuze titulado simplemente Foucault, pues en su segundo capítulo Deleuze recoge de forma concisa y clara las tesis principales que Foucault, de una manera un tanto desordenada, sostiene en Vigilar y castigar.

  • El primero postulado sobre el poder que Foucault abandona es el postulado de la propiedad. Según este postulado, el poder sería la «propiedad» de una clase que lo habría conquistado. Así, un partido o un político cualquiera que ganara las elecciones, se convertiría en «propietario» del poder por un cierto tiempo. Foucault muestra que el poder no funciona de este modo pues el poder no es tanto una propiedad sino una estrategia. Para el filósofo francés,

“el estudio de esta microfísica supone que el poder que en ella se ejerce no se conciba como una propiedad, sino como una estrategia, que sus efectos de dominación no sean atribuidos a una “apropiación”, sino a disposiciones, a maniobras, a tácticas, a técnicas, a funcionamientos; que se descifre en él una red de relaciones siempre tensas, siempre en actividad, más que un privilegio que se podría detentar; que se le dé como modelo la batalla perpetua más que el contrato que opera un traspaso o la conquista que se apodera de un territorio. Hay que admitir, en suma, que este poder se ejerce más que se posee, que no es el “privilegio” adquirido o conservado de la clase dominante sino el efecto de conjunto de sus posiciones estratégicas, efecto que manifiesta, y a veces acompaña, la posición de aquellos que son dominados”.[2]

Callejon-Foucault-poder

Cuando se concibe el poder no como una propiedad sino como una estrategia, se entiende que las clases dominantes dominan no porque “posean” el poder, sino porque realizan una serie de estrategias cuyo efecto de conjunto es sencillamente un efecto de poder. Esto nos lleva al segundo postulado.

  • Postulado de la localización, según el cual el poder sería poder de Estado, estaría localizado en el aparato de Estado. Sin embargo, como ya vimos, el Estado es algo que aparece solamente como efecto de conjunto o como resultante de una multiplicidad de engranajes que ejercen Una de las ideas centrales de Vigilar y castigar es que las sociedades modernas pueden definirse como sociedades «disciplinarias». Como veíamos en entradas anteriores, las disciplinas son una forma de poder que no se identifican con una institución particular sino que están insertas en el tejido social. Así pues, las disciplinas, que son un tipo de poder, atraviesan todo tipo de instituciones produciendo sujetos a la vez útiles y sumisos. Pero no están localizadas en ningún lugar en particular sino que existen en la misma medida en que funcionan. “En resumen –comenta Deleuze-, el funcionalismo de Foucault se corresponde con una topología moderna que ya no asigna un lugar privilegiado como origen del poder, que ya no puede aceptar una localización puntual”.[3]
  • Postulado de la subordinación. Según este postulado, el poder del aparato de Estado estaría subordinado a un modo de producción como infraestructura. En otras palabras, primero estarían los modos de producción y después estaría el poder que dependería de ellos. Para Foucault esto no es así, sino que toda la economía presupone esos mecanismos de poder que ya actúan internamente sobre los cuerpos y las almas, que ya actúan dentro del campo económico sobre las fuerzas productivas y las relaciones de producción.[4] «Las relaciones de poder –afirma Foucault- no están en posición de exterioridad respecto a otros tipos de relaciones… no están en posición de superestructura… están presentes allí donde desempeñan un papel directamente productor».
  • El postulado de la esencia o del atributo supone que el poder tendría una esencia y sería un atributo de aquellos que lo poseen (los dominantes tendrían el atributo de ser “poderosos”) distinguiéndolos de aquellos sobre los que se ejerce (los dominados no tendrían ese atributo). Para Foucault el poder carece de esencia porque es operatorio. No es atributo, sino relación: la relación de poder es el conjunto de las relaciones de fuerzas, que pasa tanto por las fuerzas dominadas como por las dominantes. En este caso no sólo los políticos y gobernantes son los únicos capaces de establecer estrategias y tácticas de poder: ¡cualquiera puede hacerlo! Del encontronazo de las estrategias de ambos lados surgen relaciones de poder que son relaciones de fuerza siempre tensas, siempre en actividad y que están sujetas a invertirse en cualquier momento. El poder tiene por ello como modelo la batalla, no un contrato que opera un traspaso (de poder) o la conquista que se apodera de un territorio. Al respecto comenta Deleuze, atento lector de Foucault: “Se puede concebir una lista, necesariamente abierta, de variables que expresan una relación de fuerzas o de poder y que constituyen acciones sobre acciones: incitar, inducir, facilitar o dificultar, ampliar o limitar, hacer más o menos probable… Esas son las categorías de poder”.[5] Categorías, añadimos, que son susceptibles de ser ejercidas por cualquier persona, tenga o no un cargo público, tenga o no dinero.

Callejón-poder-postulados-Foucault-filosofía

  • Postulado de la modalidad, “el poder actuaría a través de la violencia o de la ideología, unas veces reprimiría, otras engañaría o haría creer, unas veces policía y otras propaganda”.[6] Para Foucault el poder no procede por ideología y no actúa necesariamente a través de la violencia y de la represión. Para él, la noción de ideología no le parece la adecuada para analizar el problema del poder porque la ideología está siempre en oposición a algo que sería la verdad, cuando según él el poder precisamente «crea verdad». Además, la ideología (superestructura) está en posición secundaria con respecto a un determinante económico, material (infraestructura), cuando ya vimos que para él el poder es completamente inmanente a las relaciones de producción y no está subordinado a ellas. Y con respecto a la represión, Foucault piensa que

“[…] la noción de represión es totalmente inadecuada para dar cuenta de lo que precisamente hay de productivo en el poder. Cuando se definen los efectos del poder recurriendo al concepto de represión se incurre en una concepción puramente jurídica del poder, se identifica al poder con una ley que dice no; se privilegia sobre todo la fuerza de la prohibición. Me parece que ésta es una concepción negativa, estrecha, esquelética del poder que era curiosamente algo aceptado por muchos […] Lo que hace que el poder se aferre, que sea aceptado, es simplemente que no pesa solamente como una fuerza que dice no, sino que de hecho circula, produce cosas, induce al placer, forma saber, produce discursos; es preciso considerarlo más como una red productiva que atraviesa todo el cuerpo social que como una instancia negativa que tiene como función reprimir”.[7]

Así pues –comenta Deleuze-, “el poder más que reprimir «produce realidad», y más que idiologizar, más que abstraer u ocultar, «produce verdad» […] Foucault conoce perfectamente la represión y la ideología; pero, como ya Nietzsche había visto, éstas no constituyen el combate de las fuerzas, sólo son el polvo levantado por el combate”.[8] Como se puede ver enseguida, la concepción foucaultiana del poder no sólo difiere enormemente de la concepción tradicional del poder que sobre todo el izquierdismo defendía; también posibilita enormemente actos de resistencia que de otro modo no serían concebibles. En efecto, si el poder no le pertenece ni es atributo de nadie y no está localizado en el Estado sino que es algo que se ejerce y que está difuminado en todo el tejido social, entonces la resistencia al poder consiste fundamentalmente en estrategias, maniobras y tácticas que los que se suponía que eran no-poderosos pueden en cualquier momento desplegar. Esto es sin duda una gran lección que Foucault nos deja para que la pensemos… ¡y para que la actuemos!

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[1] Michel Foucault, “Verdad y poder”, en Obras esenciales (Dits et écrits), pág. 383.

[2] Michel Foucault, Vigilar y castigar, pág. 36 (las cursivas son mías).

[3] Gilles Deleuze, Foucault, pág. 52.

[4] Ibid., pág. 53.

[5] Ibid., pág. 99.

[6] Ibid., pág. 54.

[7] Michel Foucault, “Verdad y poder”, en Op.cit., pág. 385.

[8] Gilles Deleuze, Op.cit., pág. 55.

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Acerca de Carlos Béjar

Resido en la hermosa, enorme y conflictiva Ciudad de México. Estudié mi licenciatura y mi maestría en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actualmente realizo mi doctorado en la misma Facultad. Me especializo sobre todo en filosofía francesa contemporánea, aunque me interesan muchos otros temas. Mis filósofos favoritos son Deleuze, Foucault, Spinoza, Nietzsche, Bergson, Lucrecio, Guattari, Simondon y Derrida. Este blog está dedicado a la difusión y discusión sana de temas de filosofía, política y ciencia. ¡Me interesan mucho tus comentarios!

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