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Filosofía francesa contemporánea, Ontología

La crítica de Gilbert Simondon al «principio de individuación»

Nuestro universo está lleno de entes individuales, entes con una unidad propia y unos límites que los diferencian y separan del resto. Desde las galaxias, los agujeros negros, las estrellas y los planetas, hasta las bacterias, los virus, los átomos y las partículas elementales, la realidad se muestra altamente individuada. Nuestro mundo más inmediato es “todo individuos”: Pedro, María, nuestra mascota, la mesa, el auto, la TV, la escuela, la ciudad en la que vivimos, el país donde habitamos, todos parecen ser entes perfectamente bien delimitados e individualizados. Los filósofos se han preguntado desde antiguo por este asombroso hecho de la realidad. ¿Por qué la realidad se muestra individuada y qué es lo que hace que un individuo sea un individuo? A ello se refiere la filosofía cuando habla del «principio de individuación». El filósofo francés Gilbert Simondon (1924-1989) dedicó todo un libro (que en realidad fue su tesis doctoral, después publicada) a esclarecer, mediante una crítica a la tradición y una propuesta propia- tan antigua cuestión: La individuación a la luz de las nociones de forma y de información (publicada en español por Editorial Cactus). Me propongo en las siguientes entradas comentar este bello y difícil texto.

Según Simondon, existen dos vías según las cuales la realidad del ser individual puede ser abordada: la sustancialista y la hilemórfica. El sustancialismo considera al ser individual “como consistente en su unidad, dado a sí mismo, fundado sobre sí mismo, inengendrado, resistente a lo que no es el mismo”, es decir, es una postura monista. El hilemorfismo, por el contrario, considera el individuo como un compuesto de materia y forma, lo que lo hace una vía dualista. Con ser la primera monista y la segunda dualista, Simondon denuncia un supuesto que ambas comparten: el supuesto de que existe un principio de individuación que es anterior a la individuación misma. El que sea anterior significa que uno pretende llegar, a partir de un individuo ya constituido, a las condiciones de su existencia. En el hilemorfismo, por ejemplo, a partir de cierto individuo constituido, lo primero que se constata es que dicho individuo tiene una materia y presenta una forma. Es así como el hilemorfismo concluye que la condición para que un individuo pueda constituirse es que una materia y una forma se encuentren. Consideremos ahora el sustancialismo atomista. Para el atomismo antiguo el verdadero individuo es únicamente el átomo, inengendrado, indestructible y eterno; los cuerpos vivientes son simplemente compuestos de átomos que poseen una unidad precaria y perecedera. Todo compuesto se disolverá en sus elementos últimos una vez que una fuerza más grande que la fuerza de cohesión -que en un principio los unió- se imponga y ataque al compuesto. Según Simondon las fuerzas de cohesión tanto como los átomos reunidos podrían considerarse como principio de individuación del individuo compuesto. Pero el individuo -el átomo- es un hecho; está ya dado cuando el pensamiento quiere tomar conciencia de su naturaleza. Estas dos maneras de considerar la realidad del individuo parten, pues, del individuo mismo. Tanto para el hilemorfismo como para el sustancialismo la realidad que interesa, la realidad a explicar -nos dice Simondon- es el individuo constituido. “Una perspectiva de búsqueda semejante concede un privilegio ontológico al individuo constituido”.[1]

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Veamos el caso del hilemorfismo más detenidamente. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de ‘principio de individuación’? Según el Diccionario de filosofía de Ferrater Mora, “se llama «principio de individuación» o «principio de individualización» (principium individuationis; principium individui) al principio que da razón de por qué algo es un individuo, un ente singular”. Según los intérpretes de Aristóteles -uno de los primeros filósofos que se ocupó ampliamente de esta cuestión- a la pregunta ‘¿qué es lo que hace que algo sea un individuo?’ se pueden dar dos respuestas. La primera: que el principio de individuación está constituido por la forma y por la materia, esto es, por el «individuo concreto» o «el compuesto [de materia y forma]», en griego, τò σύνολον. Le segunda (la más influyente): que el principio de individuación sólo puede ser la materia pues la forma, en tanto que es universal, no puede explicar por qué un individuo particular es ese individuo particular y no otro. En efecto, la forma es la misma en una clase de individuos. Pedro, Juan, Luis son todos lo mismo desde el punto de vista de la forma: todos son hombres. Así pues, según esta interpretación de los textos Aristotélicos, la materia sería el verdadero principio de individuación.[2] Sin embargo Simondon nos señala que en el esquema hilemórfico, cuando se consideran la materia y la forma por separado, el individuo todavía no está dado, todavía no aparece el σύνολον. La operación de individuación no nos dice nada acerca de ella, sólo nos dice lo que necesita para efectuarse, esto es, de una materia y una forma. La operación necesita pues del principio; no lo aporta -afirma Simondon-, sino que lo emplea. Como decíamos líneas arriba, el principio preexiste a la operación. Es como si existiera primero el principio (en el caso del hilemorfismo: la materia), luego el principio interviene en la operación de individuación (encuentro de materia y forma) mediante la cual, finalmente, aparece el individuo constituido. Pero, ¿qué ocurriría si la operación de individuación no produjera solamente al individuo sino que dejara, como adyacente a él, algo todavía no individuado? ¿No nos estaríamos precipitando al pasar tan rápido de esta operación de individuación para llegar al individuo? ¿No estaríamos tratando de conocer la individuación a través del individuo y no, como quiere Simondon, el individuo a través de la individuación? Esta es, pues, la premisa principal de Simondon: conocer al individuo a través de la individuación antes que la individuación a través del individuo.[3]  Y es que, aparte del individuo ¿no hay otros aspectos del ser correlativos a la aparición de un real individuado? Lo que a Simondon interesa es el sistema de realidad en el cual se produce la individuación, el estado del ser en el cual el individuo se engendra, estado que por lo tanto será necesariamente pre-individual. De este estado del ser preindividual hacia el individuo constituido se opera una ontogénesis. Y es la ontogénesis la que queda en el punto ciego del principio de individuación según el hilemorfismo y el sustancialismo. El problema con el principio de individuación de estas dos vías es que, en esta noción de principio, se prefigura la individualidad constituida, y se prefigura precisamente porque se parte de ella. El principio de individuación, buscando las condiciones de existencia de un real individual, es en realidad un calco de este individual que olvida la génesis de su constitución (de la misma manera que Deleuze criticaba el trascendentalismo kantiano afirmando que éste se limitaba a ser un calco de la experiencia real… pero este es otro tema). Para Simondon, como decíamos, el individuo se constituye a partir de una realidad preindividual que le precede. Esta constitución es precisamente la ontogénesis. “Buscar el principio de individuación en una realidad que precede a la individuación misma es considerar la individuación como siendo solamente ontogénesis”, afirma. Y lo que tanto el hilemorfismo como el sustancialismo evitan es la descripción directa de la ontogénesis mediante la cual un individuo es constituido. Escuchemos a Simondon:

Quisiéramos mostrar que es preciso operar una inversión en la búsqueda del principio de individuación, considerando como primordial la operación de individuación a partir de la cual el individuo llega a existir y cuyo desarrollo, régimen y modalidades él refleja en sus caracteres. El individuo sería captado entonces como una realidad relativa, una cierta fase del ser que supone antes que ella una realidad preindividual y que, aún después de la individuación, no existe completamente sola, pues la individuación no consume de golpe los potenciales de la realidad preindividual, y de otra parte, lo que la individuación hace aparecer no es solamente el individuo sino la pareja individuo-medio. Así, el individuo es relativo en dos sentidos: porque no es todo el ser y porque resulta de un estado del ser en el cual no existía ni como individuo  ni como principio de individuación.

La individuación es así considerada como únicamente ontogenética en tanto operación del ser completo. La individuación debe ser considerada entonces con resolución parcial y relativa que se manifiesta en un sistema que contiene potenciales y encierra una cierta incompatibilidad en relación consigo mismo, incompatibilidad compuesta por fuerzas en tensión tanto como por la imposibilidad de una interacción entre términos extremos de las dimensiones.[4]

Retomaremos esta importante cita, aparentemente difícil y densa en contenido, en una entrada posterior para continuar desarrollando la propuesta de Simondon. Sigue leyendo en Las fases del Ser: los procesos ontogenéticos en Gilbert Simondon

 

[1] Gilbert Simondon, La individuación a la luz de las nociones de forma y de información, págs. 7 y 8.

[2] José Ferrater Mora, Diccionario de filosofía, Tomo II, pág. 1800.

[3] Gilbert Simondon, Op.cit., pág. 9.

[4] Ibid., págs. 9 y 10.

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Acerca de Carlos Béjar

Resido en la hermosa, enorme y conflictiva Ciudad de México. Estudié mi licenciatura y mi maestría en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actualmente realizo mi doctorado en la misma Facultad. Me especializo sobre todo en filosofía francesa contemporánea, aunque me interesan muchos otros temas. Mis filósofos favoritos son Deleuze, Foucault, Spinoza, Nietzsche, Bergson, Lucrecio, Guattari, Simondon y Derrida. Este blog está dedicado a la difusión y discusión sana de temas de filosofía, política y ciencia. ¡Me interesan mucho tus comentarios!

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