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Filosofía, Filosofía francesa contemporánea, Ontología

Las fases del Ser: los procesos ontogenéticos en Gilbert Simondon

Veíamos en la entrada anterior [La crítica de Gilbert Simondon al «principio de individuación»] qué criticaba Simondon del principio de individuación en las doctrinas sustancialista e hilemórfica. Ambas consideraban como primordial al individuo constituido y trataban de deducir el proceso de individuación de éste, dejando en una zona oscura la verdadera ontogénesis. Dado que el principio de individuación en el sustancialismo y el hilemorfismo surge en cierta medida de una “génesis a contrapelo”, para Simondon es necesario operar una inversión en la búsqueda del principio de individuación. En líneas generales su propuesta será la de intentar conocer al individuo a través de la individuación antes que conocer la individuación a partir del individuo. Lo primordial, la realidad interesante a observar, ya no será el individuo constituido, sino la operación de individuación a partir de la cual el individuo llega a existir. La primera razón por la que esta inversión es obligada consiste en que, en los caracteres del individuo ya constituido, se siguen reflejando -según Simondon- el desarrollo, el régimen y las modalidades de la operación de individuación que le dio origen. Veíamos previamente que lo que a Simondon interesa es el sistema de realidad en el cual se produce la individuación, o en otras palabras, el estado del ser en el cual el individuo se engendra, estado necesariamente pre-individual. Pues bien, esta realidad preindividual se caracterizaría por contener la energía potencial necesaria para la individuación, por lo que, si el individuo ya constituido sigue reflejando de cierta forma en sus caracteres la operación de individuación que le dio origen, esto significará que la individuación “no consume de golpe los potenciales de la realidad preindividual”. Además, después de operada la individuación, ésta no hace aparecer solamente al individuo, sino que el resultado completo es la pareja individuo-medio. Por ello afirma Simondon que el individuo es solamente la “resolución parcial y relativa que se manifiesta en un sistema que contiene potenciales y encierra una cierta incompatibilidad en relación consigo mismo”.[1]

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Tenemos, pues, hasta ahora dos estados del ser, uno preindividual, sistema tenso y colmado de potenciales; y otro específicamente individual, estado del ser que de ninguna manera queda solo después de la operación de individuación sino que conserva, como adherido a él, el régimen preindividual que le dio origen y que será la fuente de futuras transformaciones en el individuo, esto es, de futuras individuaciones. A estos estados del ser Simondon les denomina fases del ser, y al paso de una a otra, devenir o simplemente ontogénesis. Para ser más precisos, habrá que decir que “el ser preindividual es el ser en el cual no existe fase[2], siendo la ontogénesis el paso de este ser sin fases hacia el individuo, primera fase del ser. En efecto, el concepto de ‘ontogénesis’ no tiene para Simondon únicamente el sentido de ‘génesis del individuo’, sino que designa precisamente el carácter de devenir del ser. A diferencia de las doctrinas que suponen que el modelo del ser es la sustancia, doctrinas en las que ser y devenir están siempre en oposición, Simondon sostiene que “el devenir es una dimensión del ser, y que corresponde a una capacidad que tiene el ser de desfasarse en relación consigo mismo, de resolverse al desfasarse”.[3] El devenir es entonces ese consumarse una individuación en el ser sin fases, esto es, en el ser preindividual, siendo la individuación una resolución de una incompatibilidad inicial rica en potenciales. En palabras de Simondon:

La individuación corresponde a la aparición de fases en el ser que son las fases del ser; no es una consecuencia depositada al borde del devenir y aislada, sino que es esta misma operación consumándose; sólo podemos comprenderla a partir de esta sobresaturación inicial del ser homogéneo y sin devenir que enseguida se estructura y deviene, haciendo aparecer individuo y medio según el devenir, que es una resolución de las tensiones primeras y una conservación de dichas tensiones bajo forma de estructura; se podría decir en un cierto sentido que el único principio por el que uno puede guiarse es el de la conservación del ser a través del devenir; esta conservación existe a través de los intercambios entre estructura y operación, que proceden por saltos cuánticos a través de los sucesivos equilibrios.[4]

Simondon continúa describiendo este ser preindividual, sistema tenso y sobresaturado que da origen al individuo, y para ello acude a la noción de ‘metaestabilidad’, tema que estudiaremos en la próxima entrada.

 

[1] Gilbert Simondon, Op.cit., pág. 10.

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid., págs. 10 y 11.

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Acerca de Carlos Béjar

Resido en la hermosa, enorme y conflictiva Ciudad de México. Estudié mi licenciatura y mi maestría en Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y actualmente realizo mi doctorado en la misma Facultad. Me especializo sobre todo en filosofía francesa contemporánea, aunque me interesan muchos otros temas. Mis filósofos favoritos son Deleuze, Foucault, Spinoza, Nietzsche, Bergson, Lucrecio, Guattari, Simondon y Derrida. Este blog está dedicado a la difusión y discusión sana de temas de filosofía, política y ciencia. ¡Me interesan mucho tus comentarios!

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